Thursday, April 28, 2011

La casa

Habré pasado más de mil veces por el frente de esa casa, pero creo que hasta hoy nunca había visto a nadie entrando o saliendo de ella. Obviamente allí vivía gente, por las noches solía verse alguna luz prendida, muchas veces por la tarde veía ropa tendida secándose al sol, pero jamás tuve la oportunidad de ver quien vivía ahí.

A diario pasaba por ahí desde hacía ya unos años y por alguna razón esa casa lograba captar mi atención, no era que tuviese nada en especial, es más, probablemente era de las casas más comunes de la zona, pero cuando el ómnibus en el que yo viajaba se acercaba a la esquina yo enseguida tendía a incorporarme para mirarla.

No era una casa muy grande, pero si tenía un jardín importante, donde pegado a la casa había una especie de corral hecho con un tejido de alambre, usualmente cerrado, donde por lo general estaban los perros de la casa, que de no ser así andaban correteando a cuanto vehículo pasaba por la calle.

Cuando los perros andaban sueltos siempre corrían al ómnibus como una cuadra ladrándole, eran dos perritos callejeros no mas, uno negro y uno blanquito, este último, más lento y desgarbado, parecía tener ya unos cuantos años, pero aun así se las arreglaba para hacer bastante barullo.

Las ventanas frontales de la casa, y la puerta estaban todas enrejadas, solución típica en estos tiempos que corren, pero siempre me hizo gracia que las ventanas del costado, del lado del corral de los perros, no solo no tenia rejas, sino que no tenía ninguna clase de protección. Incluso por las noches, cuando en el interior se prendía la luz, desde el ómnibus lograba verse como una heladera, por lo que supongo allí estaría la cocina.

Un árbol seco con una hamaca rota colgando, permanecía frente a la puerta de entrada, desde las primeras épocas en las que yo comencé a pasar por esa zona, nunca le vi una hoja verde, ya fuera invierno o primavera, siempre estuvo completamente seco y siempre con sus dos sillitas y su mesa abajo.

A falta de la sombra del árbol, lo que tenían era una especie de techito de paja que daba un mínimo de sombra y podía alguna vez servir en caso de una lluvia muy tenue para no mojarse.

Por sobre la casa, lograba destacarse un tanque de agua que parecía ser tan viejo como la casa, rodeado de moho y con un par de caños saliendo de el hacia la casa.

Si bien la casa parecía tener sus buenos años, desde que yo la conocí hasta ahora había comenzado a venirse a menos, el frente que solía estar prolijamente barrido ya no lo estaba más, la puerta estaba despintada, de a poco la casa comenzaba a verse casi que derruida.

Por mi cabeza pasaban todo tipo de teorías sobre quien vivía en ese lugar, mi favorita era la de una pareja de abuelos con su nieta, ambos rondando los 80 años, el señor seguramente atendiera alguno de los negocios del barrio, o capaz era sanitario, no sé porque le elegí esa profesión, creo que alguna vez vi una camioneta con herramientas en la caja y por eso quedo lo de sanitario.

Otros días me imaginaba que podía ser una boca de pasta base, que adentro iban de día unos narcos que en realidad vivían en un apartamento de lujo pero ahí tenían su negocio, hasta que supuse que no era lógica esa teoría, porque sino en algún momento tendría que haber visto gente entrando o saliendo.

En fin, a diario siempre alguna historia se me ocurría, y siempre me terminaba yendo con la duda de cuál de todas esas teorías seria la verdadera, o si seria algún otro caso en el que nunca pensé.

Hoy cuando el ómnibus se acercaba a la esquina anterior rápidamente me di cuenta que el panorama no era el mismo que se veía a diario. Autos de policía, cámaras de televisión y una ambulancia se amontonaban frente a esta casa y en la esquina anterior dos policías de tránsito, uno de ellos montado a una de las motos, desviaban a los vehículos que se acercaban.

No me pude resistir y ni bien el ómnibus doblo por el camino que le hizo tomar el policía, algo me impulso a pararme y pedirle al guarda para bajar. Como ese no era el camino típico el conductor hizo una excepción y en la esquina siguiente paro para dejarme descender.

De lejos no había podido ver nada más que esos vehículos parados en la cuadra, por lo que la ansiedad me estaba matando.

A medida que me acercaba sentía los ladridos de los perros que yo ya conocía, pero esta vez ladraban como furiosos, ya desde la esquina los podía oír, y no paraban en ningún momento. De pronto, atrás de la ambulancia logre ver un grupo de vecinos que miraban hacia la casa, como chusmeando que pasaba.

Cuando logre acercarme lo suficiente vi al dueño de casa por primera vez, un anciano, yo diría de cerca de 80 años, pelo completamente blanco, un poco largo y despeinado, semidesnudo, flaco muy flaco, encadenado a ese viejo árbol seco, delante de el sus dos fieles perros ladraban enfurecidos a los agentes de policía que intentaban acercarse al veterano.

Escuchando a los vecinos me entere que una de mis teorías era cierta, por mucho tiempo allí vivieron con su esposa y su nieta, formaban una hermosa familia y eran todos ellos muy queridos en el barrio.

Don Feliciano como me acababa de enterar que se llamaba, era un hombre muy trabajador, salía muy temprano en la mañana de la casa y volvía siempre tarde en la noche, probablemente por eso mismo jamás se lo veía.

Unos 5 años atrás Malena, la nieta había decidido viajar a Europa y seguir su vida allí, por lo cual Feliciano saco una hipoteca sobre la casa para poder ayudarla.

Un par de años después de la partida de Malena, falleció Martita su esposa, por una larga enfermedad, dejando a Don Feliciano solo, quien pronto tuvo que jubilarse ya que su salud tampoco estaba en el mejor estado como para trabajar 12 horas como el solía hacer. El era obrero, sanitario, electricista, hacia de todo un poco, pero ya no podía desempeñar ninguna de esas tareas.

Al jubilarse, el presupuesto que suponía el préstamo que había pedido para ayudar a su nieta fue demasiada carga para el, que no pudo continuar pagando y ahora el banco había rematado su casa y Don Feliciano, encadenado a ese árbol donde alguna vez su nieta solía hamacarse y bajo el cual junto a Martita tantos mates tomaron, se negaba a dejar de lado lo último que le quedaba de un pasado que supo ser feliz.

Habré pasado mil veces por frente a esta casa, otro tanto de historias se armaron en mi cabeza con respecto a ella, pero ninguna de ellas me había llenado tanto de tristeza como la realidad.

Wednesday, April 27, 2011

El accidente

De pronto un chillido de ruedas seguido por un fuerte estruendo me hicieron mirar hacia atrás rápidamente, el ruido había sido tan fuerte que pude aun con la música a todo volumen como la llevaba en los audífonos escucharlo con claridad.

No fue necesario buscar la procedencia de tal ruido, instantáneamente pude ver un auto azul estampado a una columna de luz. Dentro del auto el conductor completamente ensangrentado comenzaba a reaccionar y a gritar por su pierna. El olor a gasolina mezclado con el de las ruedas quemadas completaba una escena bastante compleja.

Sin mucho tiempo a poder reaccionar alguna gente comenzó a acercarse al auto a ayudar al conductor y otros se acercaban a mi preguntándome como estaba, si había llegado a golpearme y preguntas de ese estilo.

Sus preguntas no hacían mucho sentido hasta que entre a mirar para todos lados y al bajar la vista pude ver como las marcas de las ruedas pasaban a centímetros de donde yo me encontraba.

Estaba completamente confundido, no me entere de nada hasta que sentí el choque pero el auto me había pasado a centímetros.

Enseguida entre a recapitular los últimos pasos, había llegado al semáforo, estaba en verde, no vi ningún auto que siguiera su marcha y comencé a cruzar la calle, no entendía que había pasado hasta que un vecino que vio todo me explico, el auto había doblado a toda velocidad de la calle por la que yo venía, me paso por al lado y se dio de lleno contra la columna del cantero central.

Un segundo antes, un paso menos que hubiera dado y seguramente ese era mi fin, toda esa información, la imagen del auto, el conductor gritando por el dolor, las huellas del auto a mis pies, generaron un impacto bastante grande en mi.

Completamente shockeado emprendí nuevamente mi camino a casa, volví a prender la música y retome exactamente el mismo paso que llevaba hasta el momento, ni mas apurado, ni más lento nada… como si nada hubiera pasado.

La gente me miraba como extrañada, no comprendían como tras todo eso yo seguí caminando, y creo que ni yo mismo lo comprendía, seguí como por inercia, creo que aun no había caído del todo en lo que acababa de pasar.

Lo único que me quedo girando en la cabeza fue lo último que escuche antes de volver a enchufarme los auriculares, una señora con una voz muy dulce, la clásica abuela del barrio, con su saco de lana bordeaux, el pelo teñido por el tiempo y una sonrisa me dijo… “ M´ijito… empiece a festejar cada 4 de mayo, hoy nació de nuevo”

No fue sino hasta casi llegando a casa que esa frase cobro sentido para mi, el estado de shock con el que retome mi marcha no me había dejado analizar esas palabras, “ Hoy nació de nuevo” , de alguna forma la vida me había dado la oportunidad de cambio que a muchos nunca se les da.

Por mi mente pasaron mi familia, Luciana, los proyectos de tener hijos, de poder comprar una casa y dejar de alquilar, de hacer un viajecito a algún lugar exótico, todos proyectos a largo plazo que año a año se iban aplazando por algún motivo.

Llegue a casa y abrace a Luciana como hacía mucho no la abrazaba, le conté lo sucedido, me volvió a abrazar y rompió en un llanto desconsolado, ella había sido siempre muy sentimental, pero su llanto decía algo más que simplemente una reacción exagerada a lo que acababa de contarle.

Por algún motivo ella continuaba llorando y yo intentaba calmarla sin éxito, en una mano tenía un retrato de nuestras primeras vacaciones juntos y en la otra mantenía su teléfono celular.

Fue en ese momento que me percate, que en medio de mi estado de shock no note que Luciana estaba llorando ya desde el momento que abrí la puerta, antes que le contara nada. Y tanto el retrato como el celular estuvieron todo el tiempo en sus manos.

Tome de su mano el retrato, no sin un poco de resistencia de su parte, lo mire recordando lo lindas que habían sido esas vacaciones juntos y lo volví a dejar en su lugar donde siempre reposaba.

Cuando intente tomar el celular de su otra mano se aferro a él y su llanto lo acompaño un “ Noooooo”, no lograba comprender bien que estaba pasando, volví a agarrar suavemente su mano y al intentar tomar el celular comenzó a repetir “ No, no, no, no, no… ” y su llanto cada vez se hacía más fuerte.

Solté su mano y le pregunte si pensaba contarme que había pasado, porque no quería soltar el celular, porque lloraba tanto y enseguida volvió a abrazarme.

Perdoname, perdoname, perdoname, perdoname…” no dejaba de repetir que la perdonara y mi cabeza a cada momento estaba más entreverada.

Soltó el celular que rápidamente cayó al suelo seguido por ella que cayó de rodillas al piso tapándose la cara con ambas manos, cubriéndose el llanto o algo más.

Perdoname, es mi culpa, perdoname…” …. Y mi cabeza que a esa altura no paraba de dar vueltas, me arrodille yo también en el piso y tome sus manos tratando de separarlas de su rostro, miro el celular que estaba en el piso, me miro y volvió a repetir…. “ Es todo mi culpa…”

Al ver el celular en el piso lo tome… mire la pantalla y era un mensaje de texto lo primero que aparecía… “ Si no lo dejas vos, el va a tener que dejar esta vida, me canse de esperar! Te amo!”

Y enseguida recordé las palabras de esa señora que me hablo cuando emprendí nuevamente mi marcha “ M´ijito… empiece a festejar cada 4 de mayo, hoy nació de nuevo”


La torta de manzana y canela

Poca cosa puede llevarme a la niñez en tan poco tiempo, como llegar a casa por la tarde y sentir el aroma de la torta de manzana con canela que hacia mi vieja, cada vez que entro a casa y siento ese aroma dulce, el acento de la canela, el calorcito del horno prendido es como un viaje expreso a esas tardes en las que mientras jugaba al futbol en la calle sentía el llamado de mi madre… “ Dale Nicolás, entra a tomar la leche”

Nunca tenía ganas de entrar por lo cual ese llamado se repetía al menos dos o tres veces hasta que venía la frase clave… “ Si no entras ahora no comes torta”…y ahí entraba yo, corriendo, con las rodillas embarradas, queriendo merendar lo más rápido posible para volver a salir a jugar y aprovechar ese ratito que quedaba de luz afuera.

Todavía me acuerdo como si fuera hoy, los arcos formados con un par de piedras de la calle, y unos metros más allá Don Luis, siempre barriendo las hojas secas que habían caído durante el día en el frente de su casa, armando un montón para después prenderlo fuego, montón que obviamente tenía que rearmar dos o tres veces mientras barría porque entre los pelotazos y el viento siempre se lo desarmaban.

De a poco los vecinos de la otra esquina se empezaban a ir porque sus madres se ponían nerviosas, así que cuando íbamos quedando pocos, el partidito de futbol se convertía inmediatamente en un cordoncito entre Gustavo, Juan, Rodrigo y yo, en ese súper estadio de adoquines y pasto en la vereda.

Nuestros partidos nunca carecían de espectadores, aparte de Don Luis y sus hojas, siempre se juntaban dos o tres señoras en la puerta de la casa de Beatriz, que quedaba al lado de la de Don Luis, sentadas ellas en sus sillas, discutiendo en ese entonces vaya uno a saber de que, aunque hoy en día imagino que chusmearían de cuanto vecino llegaba o salía de su casa.

Tenían todo preparado siempre, las tres sillas playeras, dos rojas y una azul, de esas bien bajitas formadas por franjas de una especie de nylon grueso entrecruzadas, el termo y el mate que siempre lo traía Rosario, y lo que más gracia me hacía de todo, que todos los días al menos una de ellas estaba de ruleros, como si se turnaran para usarlos.

Las otras que no faltaban nunca a la cita de las tardes en la cuadra eran Sole y Anita con sus muñecas, que si bien entraban a sus casas mucho más temprano que nosotros y no salían más que al jardín, día a día se hacían presentes.

Soledad era la hermana de Juan, y sin dudarlo era la chica más linda del barrio, lo cual genero muchísimas peleas en la calle entre Juan y cualquiera de nosotros que se atreviera siquiera a decir que Sole era linda, peleas que se hicieron cada día mas seguidas a medida que crecíamos.

Ella siempre salía toda arregladita a jugar, la madre siempre pasaba rato largo peinándola y haciéndola arreglarse antes de salir, a diferencia de Anita, que era más bien desprolija y por lo general sus rulos solían estar despeinados.

Me acuerdo especialmente de un bucito rojo con un corazón rosado que Sole usaba seguido, que le quedaba hermoso. Buzo que más de una vez recibió algún pelotazo con la pelota toda embarrada hecho que a ella la ponía furiosa.

Siempre resultaba divertido tirar algún pelotazo al jardín de Sole como para molestarlas, enseguida ellas empezaban a gritar que jugáramos en otro lado, que no las molestáramos y uno iba a buscar la pelota con la sonrisa del deber cumplido.

De nuestra barrita yo era el único hincha de Peñarol, ellos eran los tres de Nacional, lo cual era siempre otro factor usual de peleas, sobre todo los días de clásico. El hecho de ser tres contra uno solía complicarme las cosas ya que no tenia forma de ganar una discusión de esas.

Cuando Rodrigo se mudo ya los partidos no fueron lo mismo, el era el alma de nuestro equipo y como empezamos a perder más seguido, los partidos del barrio contra los de la otra esquina dejaron de ser lo que eran antes. El después de mudarse siguió jugando al futbol y hasta llego a jugar en primera, pero una lesión lo hizo retirarse y hoy en día es escribano.

Juan heredo el negocio del padre, la panadería del barrio, hace poco la renovó por completo, pero va poco por ahí ya que tiene otros negocios también.

Gustavo es corredor de seguros y si bien se mudo un poco lejos cada tanto se pega una vuelta, sobre todo cuando organizamos algún futbol 5 con los viejos amigos del barrio.

Anita ahora es modelo, aquella niña de aspecto descuidado, mal vestida y de rulos mal peinados ahora es un infierno y esta por casarse con un cirujano.

En cuanto a Sole, acaba de sacar una torta de manzana y canela del horno, como la que hacia mi madre y ya me dijo que si no voy ahora no como torta.

Tuesday, April 26, 2011

Cafe

La oficina empezaba poco a poco a vaciarse y de este modo los ruidos de conversaciones, los teléfonos sonando, las personas tipeando en las PCs poco a poco daban paso a un silencio casi sepulcral. Afuera el sol ya se había puesto hacia un buen rato y ya la iluminación pública reinaba con ese color amarillo casi naranja de los focos de mercurio.

La radio a esa altura tan solo emitía canciones viejas que no tenía muchas ganas de escuchar por lo cual me saque los audífonos y ya casi no había más sonido que el de los clicks que hacia Laura en su computadora y los que yo mismo hacia.

Todo el bullicio de la tarde, con más de cien personas trabajando, hablando por teléfono, comentando las noticias se había convertido en tan solo un par de clicks cada tanto y alguna ráfaga de viento que se escuchaba del exterior.

La intención de mis parpados de comenzar a cerrarse eran la clara indicación de que iba a precisar algo que me despabilara si quería dejar pronto hoy los reportes que debía presentar mañana en la reunión con los analistas que habían enviado los nuevos socios de la compañía.

Así fue que salvando el avance que tenía en la computadora fui a la cocina a prepararme un buen café negro que me mantuviera en pie. De camino a la cocina pase por el escritorio de Laura a preguntarle si quería un café ya que éramos los únicos dos que quedábamos en la oficina pero no acepto así que seguí mi camino.

Ya en la cocina abrí el tarro del café y el aroma era delicioso, por lo que me dispuse a poner en marcha la cafetera para poder tomarme una buena jarra. Esa cocina por donde a diario pasaban tantas personas y cuyo tumulto en horas pico no dejaba ni respirar, por las noches se convertía en un espacio donde se podía respirar la soledad y uno podía dejar de pensar al menos por unos minutos en reportes, informes, fechas límite y de mas.

Mientras esperaba que el café se hiciera me recosté contra la mesada de la cocina y como sin querer me quede mirando un punto fijo dejando la mente completamente en blanco hasta que un “ Hola” me llamo la atención. No pude responder más que un…

“Ehhh, hola Laura…”

“Que paso Diego?... era como la tercera vez que te decía Hola y vos nada…”

“No nada… estaba colgado no más”

Y así comenzamos a conversar, ninguno de los dos acostumbrábamos quedarnos hasta estas horas en la oficina, pero la reunión esta de mañana nos tenía a ambos preocupados. Laura había reconsiderado la oferta del café y venia en busca de un poco para descansar unos minutos la vista del monitor.

A Laura la conocía desde años atrás cuando cursamos alguna materia juntos en facultad, pero por algún motivo no sabía mucho de su vida, sabía que estaba separada, que tenía un hijo chico que hace poco lo habían enyesado por un golpe que tuvo en la escuelita, pero poca cosa más.

En esas épocas de facultad siempre me había gustado, pero hacía tiempo que no me fijaba en ella como mujer, y si bien se notaba el paso de los años, no parecía que su cuerpo hubiese sufrido los efectos de dar a luz ni del tiempo. Su pelo negro que siempre llevaba cuidadosamente recogido en una colita se veía hermoso como siempre en aquellas epocas, sus curvas no habían hecho más que acentuarse y sus ojos seguían teniendo la misma intensidad de años atrás.

Cuando volvíamos de la cocina seguimos charlando hasta llegar a mi escritorio donde la conversación siguió su marcha, ella se sentó sobre el escritorio dejándome ver sus hermosas piernas cubiertas tan solo por sus medias, y una falda que le quedaba a la perfección.

Las anécdotas de los años de facultad pasaron a ser el hilo conductor de la conversación seguidas cada una de ellas por nuestras risas. Yo recordaba esas épocas con cariño y al parecer ella también, hasta que torpemente recordé una historia que incluía a su ex marido, lo cual borro por un instante la sonrisa de su rostro.

Sin querer ahondar en el tema busque rápidamente otra historia que pudiera hacerla sonreír de nuevo y la conversación retomo su curso normal.

Cuando volví a mirar el reloj había ya pasado dos horas desde que volvimos de hacer el café y obviamente el reporte en el que estaba trabajando no había avanzado en lo más mínimo.

Mirando el reloj le dije… “ Si no nos ponemos a trabajar en algún momento no nos vamos a ir mas de acá”… a lo cual ella rápidamente contesto “ Tal vez sea eso lo que quiero en este momento” a lo cual sin mediar mas palabra bajo del escritorio me saco el aire de un beso y salió caminando hacia su escritorio.

Tarde unos segundos en reaccionar, sin duda ese beso me había dejado completamente fuera de lugar, ni bien pude me pare diciéndome “Esto no se queda así” y fui hasta su escritorio con toda la intención de devolverle el beso.

De pronto mi mente se quedo en blanco, hasta que sentí una voz que me llamaba… “ Hola”…

“Ehhh, hola Laura…”

“Que paso Diego?... era como la tercera vez que te decía Hola y vos nada…”

“No nada… estaba colgado no más”

A lo que ella respondió… “ Me parece que tu café esta pronto, yo ya liquide todo y me estoy yendo, quedas solo, acordate de dejarle las llaves al guardia abajo”… Mire la cafetera, la mire a ella, llene la jarra y me volví al escritorio a terminar el informe.