La oficina empezaba poco a poco a vaciarse y de este modo los ruidos de conversaciones, los teléfonos sonando, las personas tipeando en las PCs poco a poco daban paso a un silencio casi sepulcral. Afuera el sol ya se había puesto hacia un buen rato y ya la iluminación pública reinaba con ese color amarillo casi naranja de los focos de mercurio.
La radio a esa altura tan solo emitía canciones viejas que no tenía muchas ganas de escuchar por lo cual me saque los audífonos y ya casi no había más sonido que el de los clicks que hacia Laura en su computadora y los que yo mismo hacia.
Todo el bullicio de la tarde, con más de cien personas trabajando, hablando por teléfono, comentando las noticias se había convertido en tan solo un par de clicks cada tanto y alguna ráfaga de viento que se escuchaba del exterior.
La intención de mis parpados de comenzar a cerrarse eran la clara indicación de que iba a precisar algo que me despabilara si quería dejar pronto hoy los reportes que debía presentar mañana en la reunión con los analistas que habían enviado los nuevos socios de la compañía.
Así fue que salvando el avance que tenía en la computadora fui a la cocina a prepararme un buen café negro que me mantuviera en pie. De camino a la cocina pase por el escritorio de Laura a preguntarle si quería un café ya que éramos los únicos dos que quedábamos en la oficina pero no acepto así que seguí mi camino.
Ya en la cocina abrí el tarro del café y el aroma era delicioso, por lo que me dispuse a poner en marcha la cafetera para poder tomarme una buena jarra. Esa cocina por donde a diario pasaban tantas personas y cuyo tumulto en horas pico no dejaba ni respirar, por las noches se convertía en un espacio donde se podía respirar la soledad y uno podía dejar de pensar al menos por unos minutos en reportes, informes, fechas límite y de mas.
Mientras esperaba que el café se hiciera me recosté contra la mesada de la cocina y como sin querer me quede mirando un punto fijo dejando la mente completamente en blanco hasta que un “ Hola” me llamo la atención. No pude responder más que un…
“Ehhh, hola Laura…”
“Que paso Diego?... era como la tercera vez que te decía Hola y vos nada…”
“No nada… estaba colgado no más”
Y así comenzamos a conversar, ninguno de los dos acostumbrábamos quedarnos hasta estas horas en la oficina, pero la reunión esta de mañana nos tenía a ambos preocupados. Laura había reconsiderado la oferta del café y venia en busca de un poco para descansar unos minutos la vista del monitor.
A Laura la conocía desde años atrás cuando cursamos alguna materia juntos en facultad, pero por algún motivo no sabía mucho de su vida, sabía que estaba separada, que tenía un hijo chico que hace poco lo habían enyesado por un golpe que tuvo en la escuelita, pero poca cosa más.
En esas épocas de facultad siempre me había gustado, pero hacía tiempo que no me fijaba en ella como mujer, y si bien se notaba el paso de los años, no parecía que su cuerpo hubiese sufrido los efectos de dar a luz ni del tiempo. Su pelo negro que siempre llevaba cuidadosamente recogido en una colita se veía hermoso como siempre en aquellas epocas, sus curvas no habían hecho más que acentuarse y sus ojos seguían teniendo la misma intensidad de años atrás.
Cuando volvíamos de la cocina seguimos charlando hasta llegar a mi escritorio donde la conversación siguió su marcha, ella se sentó sobre el escritorio dejándome ver sus hermosas piernas cubiertas tan solo por sus medias, y una falda que le quedaba a la perfección.
Las anécdotas de los años de facultad pasaron a ser el hilo conductor de la conversación seguidas cada una de ellas por nuestras risas. Yo recordaba esas épocas con cariño y al parecer ella también, hasta que torpemente recordé una historia que incluía a su ex marido, lo cual borro por un instante la sonrisa de su rostro.
Sin querer ahondar en el tema busque rápidamente otra historia que pudiera hacerla sonreír de nuevo y la conversación retomo su curso normal.
Cuando volví a mirar el reloj había ya pasado dos horas desde que volvimos de hacer el café y obviamente el reporte en el que estaba trabajando no había avanzado en lo más mínimo.
Mirando el reloj le dije… “ Si no nos ponemos a trabajar en algún momento no nos vamos a ir mas de acá”… a lo cual ella rápidamente contesto “ Tal vez sea eso lo que quiero en este momento” a lo cual sin mediar mas palabra bajo del escritorio me saco el aire de un beso y salió caminando hacia su escritorio.
Tarde unos segundos en reaccionar, sin duda ese beso me había dejado completamente fuera de lugar, ni bien pude me pare diciéndome “Esto no se queda así” y fui hasta su escritorio con toda la intención de devolverle el beso.
De pronto mi mente se quedo en blanco, hasta que sentí una voz que me llamaba… “ Hola”…
“Ehhh, hola Laura…”
“Que paso Diego?... era como la tercera vez que te decía Hola y vos nada…”
“No nada… estaba colgado no más”
A lo que ella respondió… “ Me parece que tu café esta pronto, yo ya liquide todo y me estoy yendo, quedas solo, acordate de dejarle las llaves al guardia abajo”… Mire la cafetera, la mire a ella, llene la jarra y me volví al escritorio a terminar el informe.
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