Wednesday, April 27, 2011

La torta de manzana y canela

Poca cosa puede llevarme a la niñez en tan poco tiempo, como llegar a casa por la tarde y sentir el aroma de la torta de manzana con canela que hacia mi vieja, cada vez que entro a casa y siento ese aroma dulce, el acento de la canela, el calorcito del horno prendido es como un viaje expreso a esas tardes en las que mientras jugaba al futbol en la calle sentía el llamado de mi madre… “ Dale Nicolás, entra a tomar la leche”

Nunca tenía ganas de entrar por lo cual ese llamado se repetía al menos dos o tres veces hasta que venía la frase clave… “ Si no entras ahora no comes torta”…y ahí entraba yo, corriendo, con las rodillas embarradas, queriendo merendar lo más rápido posible para volver a salir a jugar y aprovechar ese ratito que quedaba de luz afuera.

Todavía me acuerdo como si fuera hoy, los arcos formados con un par de piedras de la calle, y unos metros más allá Don Luis, siempre barriendo las hojas secas que habían caído durante el día en el frente de su casa, armando un montón para después prenderlo fuego, montón que obviamente tenía que rearmar dos o tres veces mientras barría porque entre los pelotazos y el viento siempre se lo desarmaban.

De a poco los vecinos de la otra esquina se empezaban a ir porque sus madres se ponían nerviosas, así que cuando íbamos quedando pocos, el partidito de futbol se convertía inmediatamente en un cordoncito entre Gustavo, Juan, Rodrigo y yo, en ese súper estadio de adoquines y pasto en la vereda.

Nuestros partidos nunca carecían de espectadores, aparte de Don Luis y sus hojas, siempre se juntaban dos o tres señoras en la puerta de la casa de Beatriz, que quedaba al lado de la de Don Luis, sentadas ellas en sus sillas, discutiendo en ese entonces vaya uno a saber de que, aunque hoy en día imagino que chusmearían de cuanto vecino llegaba o salía de su casa.

Tenían todo preparado siempre, las tres sillas playeras, dos rojas y una azul, de esas bien bajitas formadas por franjas de una especie de nylon grueso entrecruzadas, el termo y el mate que siempre lo traía Rosario, y lo que más gracia me hacía de todo, que todos los días al menos una de ellas estaba de ruleros, como si se turnaran para usarlos.

Las otras que no faltaban nunca a la cita de las tardes en la cuadra eran Sole y Anita con sus muñecas, que si bien entraban a sus casas mucho más temprano que nosotros y no salían más que al jardín, día a día se hacían presentes.

Soledad era la hermana de Juan, y sin dudarlo era la chica más linda del barrio, lo cual genero muchísimas peleas en la calle entre Juan y cualquiera de nosotros que se atreviera siquiera a decir que Sole era linda, peleas que se hicieron cada día mas seguidas a medida que crecíamos.

Ella siempre salía toda arregladita a jugar, la madre siempre pasaba rato largo peinándola y haciéndola arreglarse antes de salir, a diferencia de Anita, que era más bien desprolija y por lo general sus rulos solían estar despeinados.

Me acuerdo especialmente de un bucito rojo con un corazón rosado que Sole usaba seguido, que le quedaba hermoso. Buzo que más de una vez recibió algún pelotazo con la pelota toda embarrada hecho que a ella la ponía furiosa.

Siempre resultaba divertido tirar algún pelotazo al jardín de Sole como para molestarlas, enseguida ellas empezaban a gritar que jugáramos en otro lado, que no las molestáramos y uno iba a buscar la pelota con la sonrisa del deber cumplido.

De nuestra barrita yo era el único hincha de Peñarol, ellos eran los tres de Nacional, lo cual era siempre otro factor usual de peleas, sobre todo los días de clásico. El hecho de ser tres contra uno solía complicarme las cosas ya que no tenia forma de ganar una discusión de esas.

Cuando Rodrigo se mudo ya los partidos no fueron lo mismo, el era el alma de nuestro equipo y como empezamos a perder más seguido, los partidos del barrio contra los de la otra esquina dejaron de ser lo que eran antes. El después de mudarse siguió jugando al futbol y hasta llego a jugar en primera, pero una lesión lo hizo retirarse y hoy en día es escribano.

Juan heredo el negocio del padre, la panadería del barrio, hace poco la renovó por completo, pero va poco por ahí ya que tiene otros negocios también.

Gustavo es corredor de seguros y si bien se mudo un poco lejos cada tanto se pega una vuelta, sobre todo cuando organizamos algún futbol 5 con los viejos amigos del barrio.

Anita ahora es modelo, aquella niña de aspecto descuidado, mal vestida y de rulos mal peinados ahora es un infierno y esta por casarse con un cirujano.

En cuanto a Sole, acaba de sacar una torta de manzana y canela del horno, como la que hacia mi madre y ya me dijo que si no voy ahora no como torta.

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