Wednesday, February 15, 2006

La Llamada (Cuento)

Abrió la puerta y atendió el teléfono, no sabia porque pero presentía que no serian buenas noticias, probablemente fuera por la insistencia con que sonaba el teléfono o tal vez fuera el mal día que había tenido que lo había cargado de negatividad, eso y la tormenta que lo había dejado empapado desde que salio en la mañana hacia su trabajo.

Tan pronto abrió la puerta y sin darse tiempo siquiera para quitarse el sobretodo mojado que llevaba puesto, tomo el tubo del teléfono y se limito a atenderlo con un simple pero angustiado “Hola” para luego callar y escuchar casi sin interrupciones a quien le hablaba del otro lado.

La puerta entreabierta dejaba pasar algo de la luz que había en el exterior, una luz teñida de gris debido a la tormenta que reinaba y que a duras penas lograba iluminar el interior de su casa.

Los siguientes minutos parecieron horas y a medida que transcurría el tiempo su cara poco a poco se transformaba al punto de parecer una piedra, fría, dura, que tan solo se adivinaba que era humano por una pequeña lágrima que surco su rostro para caer en el piso. Enseguida todo su cuerpo fue convirtiéndose en esa especie de piedra que había comenzado por tomar su rostro, sus músculos agarrotados y fríos le restringían todo tipo de movimiento como si fuese una estatua.

Por mas que quisiera emitir algún sonido no podía, un nudo en la garganta le privaba expresarse, tenia miles de preguntas pero no lograba emitir palabra alguna, por mas que luchara le era imposible, sentía como si alguien le estuviera estrangulando las cuerdas vocales para que callara. Las preguntas, los comentarios, los porque, los como, se acumulaban en su cabeza de tal forma que su confusión aumentaba con una velocidad que no le daba tiempo siquiera a tratar de entender que estaba sucediendo.

Por lo que no le quedaba otra opción que callar, y eso hizo, calló hasta que ya nadie hablaba al otro lado de la línea telefónica, hasta que el clásico e intermitente pitido del teléfono le anuncio que ya no había mas nadie al otro lado.

En ese momento soltó el teléfono dejándolo caer al suelo y dejando caer su cuerpo inerte sobre el sillón generando un estruendo que retumbo en las vacías paredes de la habitación, un sillón que era prácticamente el único objeto que amoblaba el lugar. Su cuerpo parecía muerto, casi sin señales de vida a no ser por el constante temblequeo que le generaba el frío intenso y la llamada que acababa de recibir.

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