Ya eran cerca de las 3 de la madrugada y no habia forma de que pegara un ojo, el simple hecho de verla tendida al lado mio me hacia volar, mas que volar se podria decir levitar, el fuego de la estufa hacia que su blanca piel fuera mostrandose en una amplia gama de rojos, naranjas y amarillos e inclusive sus negros ojos parecian querer acompañar ese freneteico baile de las llamas que parecian no querer extinguirse.
Sus ojos, las ventanas de un alma increiblemente dulce se mantenian abiertos, mirando quien sabe que, intentando vanamente esconderse tras el reflejo de las llamas que aun ardian, dejando completamente expuesta la ternura y la suavidad de su corazon.
Por mas que ese instante parecia querer prolongarse por la eternidad no me queria perder ni un solo segundo, queria aprovechar cada milesima mirandola, oliendola, sintiendola.
La suave musica de fondo acompañaba el ir y venir de nuestras respiraciones que cada vez eran mas suaves logrando un clima tan armonioso que ya ni siquiera los fuertes truenos y vientos que en el exterior parecian querer tirar el mundo abajo llegaban a nuestros oidos.
Mi mano se paseaba por sus piernas con una suavidad digna de la mejor de las sedas, en ese juego de no ir mas alla de un simple roce pero sin querer separarse de su piel, sintiendo a cada movimiento cada centimetro, cada pequeña imperfeccion que la hacia unica y real.
Su aroma era adictivo, esa mezcla exacta entre sexo sudor y perfume, me tenia embriagado, mas aun que el fino vino que acompañara nuestra cena.
Su negra cabellera un tanto revuelta lucia hermosa, con cada mechon cuidadosamente ubicado como queriendo formar la mas fina de las obras de arte, viendose mejor aun si es que tal cosa era posible, que cuando recien habia llegado, con su peinado recien armado.
Su rostro cual el mejor de los poemas lograba hacerme percibir una cantidad de sensaciones indescriptibles, desde el placer y la felicidad, hasta el amor que ambos nos teniamos.
Cada dia crecia exponencialmente mi adiccion hacia ese juego que nos llevaba de la furia intensa, a una pasion incontrolable, esa furia que la hacia ver tanto mas bella, y me hacia desearla mas y mas y es que en realidad, lo que crecia a diario era mi adiccion hacia ella.
Mi mano comenzaba a subir sus caricias, pasando por sue estomago , por sus senos , por su cuello, por su rostro, por sus labios y volviendo a bajar con la misma suavidad con la que segundos antes habian subido, como quien necesitaba obsesivamente sentir cada centimetro de su piel.
Poco importaba ya el motivo de esa pelea que al igual que tantas otras mas solo habia logrado fortalecer ese vinculo que hace tiempo nos unia.
Ver el rastro que seguian nuestras ropas me recordaba cada instante de lo que habia sido un acto que se paraba sobre la delgada linea que separa la lujuria y lo salvaje del amor y la ternura. No hubiese podido dejar de mirarla aunque quisiera, sus ojos me tenian como hechizado, la paz que me hacia sentir era increible.
Ya habia perdido por completo la nocion del tiempo cuando los primeros rayos del sol comenzaron a hacerse sentir y nos encontraron aun mirandonos el uno al otro. La comunicación era tan perfecta que no precisaba de palabras, el simple hecho de mirarnos nos dejaba saber como se sentia el otro.
Como rabioso por haberlo vencido durante toda la noche el sueño jugo su ultima carta y en busca de su revancha comenzo a vencernos, y lentamente ambos fuimos cayendo en un profundo sueño o tal vez saliendo de el, ya a esa altura no podria asegurarlo.
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